El Diablo en la Literatura (fragmento)
FERRAZ, Salma (UFSC)1
Me llamo Lucifer, aquel que trae la luz. Así cantaban los ángeles menores, hasta que les fue prohibido este canto. Desde entonces, mi apodo corroe los tiempos anunciando aquel que tiende trampas. Fanfarronería: El hombre deja de lado a Satanás y sabe perderse por sí mismo. (Nostalgia del Amor Ausente, Walmor Santos, p. 121).
Si la gloria de Dios es encubrir tal como relata Proverbios 25:2, parece que la gloria de los escritores es investigar: creo, luego dudo; no creo, luego cuestiono. De Dios y del diablo. Y entre las mayores preguntas del occidente están las siguientes: ¿Dios existe? ¿Quién creó a Dios? Decir que Dios por ser Dios no fue creado es simplemente huir de la cuestión. Y entre tantos estudiosos de este tema citamos tres de los más recientes: Dios, una biografía de Jack Miles, Dios, un delirio, de Richard Dawkins y Tratado de Ateología de Michel Onfray. Pero al final, nadie coloca esta cuestión en otros términos: ¿Crees en el Diablo? ¿El Diablo existe? No son pocas las obras dedicadas a Lucifer/Satanás, más vulgarmente conocido por Diablo, además de centenas de apodos nada elogiosos. No nos compete en tan poco espacio la tarea hercúlea de debatir el problema de la existencia o no del Diablo; esto pertenece a los demonólogos. Nos compete apenas estudiar las posibles biografías del Diablo en la Biblia y en la Literatura para basar nuestras reflexiones sobre el Diablo en Machado de Assis.
El Diablo en la obra de Machado de Assis.
Mucho ya fue escrito sobre Machado. Citamos a continuación a sus principales críticos: Silvio Romero, José Veríssimo, Astrogildo Pereira, Lúcia Miguel Pereira, Augusto Meyer, Roberto Shwarcz, Alfredo Bosi, John Gledson, Harold Bloom. Mientras tanto, la obra de Machado continúa siendo un arca que todavía ofrece tesoros que pueden explorarse. Si mucho se escribió sobre Machado, parece que hay una cierta renuencia a explorar toda la variedad de la obra del escritor, y esto se traduce en una falta de renovación de los estudios machadianos y creó un paradigma de reproducción de nuevos trabajos que todavía giran en torno de Schwarz y Bosi, como tan bien señaló Gledson11. También se deja de lado la llamada primera etapa del escritor, el Machado que existió antes de Memorias Póstumas de Brás Cubas, publicado en 1881, y cuando se explora esta etapa, es con la esperanza de encontrar algo que ilumina al Machado mayor. Pero la obra de Machado es mucho mayor que los ojos oblicuos y disimulados de Capitu pudiesen prever y de su oda Al verme que primero roer las frías carnes de mi cadáver... Mucho ya se escribió sobre el adulterio o no de Capitu y tal vez esto era todo lo que Machado no quería. Tal vez este abordaje lo habría dejado realmente con los ojos de resaca, de hecho, el escritor de resaca.
Uno de los ejes preferidos en la obra de Machado es el constante intertexto con la Biblia. Esto puede constatarse en Memorias Póstumas de Brás Cubas, Dom Casmirro, Esaú y Jacó y en varios cuentos. Ya se escribieron algunos trabajos explorando este sustentáculo de la obra de Machado, pero tal vez sea el momento de retomar esta línea de análisis, ahora con el instrumental teórico correcto sobre los estudios comparados entre Teología y Literatura12.
El Diablo, como ya afirmamos, se ofrece como magnífico personaje para la literatura y Machado no dejó de explorarlo, ya que para él el Diablo no es tan feo como se pinta13.... Siempre que se menciona la cuestión del Diablo en la obra de Machado de Assis, nos viene inmediatamente el recuerdo del cuento La Iglesia del Diablo (1884). Pero existen otros dos cuentos en que él aparece: Adán y Eva (1896) y El Ángel Rafael, publicado en el Jornal das Famílias (1869).
En el cuento Adán y Eva el juez Veloso, insigne en teología, para asombro del carmelita Frei Beto afirma que las cosas en el Paraíso no tuvieron lugar de acuerdo con el relato del Génesis:
En primer lugar, no fue Dios quien creó el mundo, fue el Diablo... (...) – Fue el Diablo. Fue el Diablo quien creó el mundo; pero Dios, que le leyó el pensamiento, le dejó las manos libres, cuidando solamente de corregir o atenuar la obra, a fin de que al propio mal no quedase la desesperanza de la salvación o del beneficio. Y la acción divina se mostró luego porque, habiendo creado las tinieblas el Diablo, Dios creó la luz, y así se hizo el primer día. El segundo día, en el que fueron creadas las aguas, nacieron las tempestades y los huracanes; pero las brisas de la tarde bajaron del pensamiento divino. El tercer día se hizo la tierra y brotaron de ella los vegetales, pero sólo los vegetales sin fruto ni flor, los espinosos, las hierbas que matan como la cicuta; Dios, si embargo, creó los árboles frutales y los vegetales que nutren o encantan. Y habiendo el Diablo cavado abismos y cavernas en la tierra, Dios hizo el sol, la luna y las estrellas; tal fue a obra del cuarto día. En el quinto fueron creados los animales de la tierra, del agua y del aire. Llegamos al sexto día, y aquí pido que redoblen su atención. (Machado, p. 1, el resaltado es nuestro)
Observemos que el cuento invierte toda la creación. El Diablo es el creador y Dios va arreglando lo que no salió bien. Se sigue la narrativa de la creación de la primera pareja. El Diablo crea a Adán y Eva, solamente con malos instintos, porque no podía infundirles el alma. Dios arregla la creación del Diablo dando a la pareja alma junto con sentimientos nobles y puros y hasta un jardín de delicias. Impedido de frecuentar el jardín, el Diablo transforma la serpiente en su embajadora, concediéndole el don del habla: El Diablo la describe como serpiente, odio rastrero, ponzoña de las ponzoñas y la instruye para tentar a la pareja a comer del árbol de la ciencia del Bien y del Mal, pues así conocerían el mismo secreto de la vida:
Sí, el mismo secreto de la vida. Ve, serpiente de mis entrañas, flor del mal, y si salieras bien, juro que tendrás la mejor parte en la creación, que es la parte humana, porque tendrás mucho talón de Eva que morder, mucha sangre de Adán en la que posar el virus del mal... Ve, ve, no te olvides... (Machado, p. 2, el resaltado es nuestro)
En este cuento, el escritor disocia la serpiente del Diablo. Son dos seres absolutamente distintos. La serpiente envidiosa y ponzoñosa tienta a la pareja, Eva resiste y la llama pérfida. La inteligencia que caracterizaba a Lucifer es transferida a la serpiente que responde en un discurso poético:
§ ¡Necia! ¿Para qué rechazas el resplandor de los tiempos? Escúchame, haz lo que te digo, y serás legión, fundarás ciudades, y te llamarás Cleopatra, Dido, Semíramis; darás héroes de tu vientre, y serás Cornelia; oirás la voz del cielo, y serás Débora; cantarás y serás Safo. Y un día, si Dios quiere descender a la tierra, escogerá tus entrañas, y te llamarás María de Nazareth. ¿Qué más quieres tú? Realeza, poesía, divinidad, todo cambias por una lesa obediencia. Ni será sólo eso. Toda la naturaleza te hará bella y más bella. Colores de las hojas verdes, colores del cielo azul, vivos o pálidos, colores de la noche, han de reflejarse en tus ojos. La misma noche, en disputa con el sol, irá a jugar en tus cabellos. Los hijos de tu seno tejerán para ti las mejores vestiduras, compondrán los más finos aromas, y las aves te darán sus plumas, y la tierra sus flores, todo, todo, todo...
Destacamos el lirismo del discurso de la serpiente. Ella es seductora, dice a Eva que ella podrá regresar a la tierra como madre del hijo de Dios. La serpiente prueba que merece ser embajadora del Diablo, pero aún así Eva resiste. Dios ordena que Gabriel descienda al paraíso terrestre y busque a la pareja para vivir en el Paraíso celestial y el Diablo y la serpiente son maldecidos a vivir en la tierra.
El cuento La Iglesia del Diablo también es bastante conocido. El inicio recuerda al Libro de Job y el Prólogo de Fausto de Goethe. Sólo que esta vez el Diablo se presenta en el cielo no para recibir una apuesta de Dios sino para informarle que va a fundar su propia iglesia. El intertexto con Fausto es evidente:
Hay muchos modos de afirmar: hay sólo uno de negar todo (...)
- No vengo por vuestro siervo Fausto- respondió el Diablo riendo, sino por todos los Faustos del siglo y de los siglos. (...)
- Señor, yo soy, como sabéis, el espíritu que niega. (Machado, p. 4-6)
El Diablo es descrito con los ojos encendidos de odio, aquel que vive en las provincias del abismo. En el diálogo entre los dos, Dios lo define como un viejo retórico, sutil, vulgar y sin creatividad. Varias veces el narrador describe al Diablo riendo y sonriendo: El Diablo sonrió con cierto aire de burla y triunfo14. Lo que el Diablo quiere es fundar una Iglesia en la cual las virtudes se transformarían en pecado y los pecados cristianos en virtudes, en fin, cambiar lo correcto por lo errado, tornar santo y apacible, el bigote del pecado. Cuando regresa a la tierra, el Diablo como en una especie de evangelio profano trae la buena nueva a los hombres, confiesa que es el Diablo y rectifica su carácter manchado por las historias que las beatas contaban de él:
Sí, soy el Diablo, repetía él; no el Diablo de las noches sulfúreas, de los cuentos somníferos, terror de los niños, sino el Diablo verdadero y único, el propio genio de la naturaleza, a la que se dio aquel nombre para alejarlo del corazón de los hombres. Heme aquí gentil y airoso. Soy vuestro verdadero padre. Vamos: tomad de aquel nombre, inventado para mi descrédito, haced de él un trofeo y un estandarte, y yo les daré todo, todo, todo, todo, todo, todo...
En este nuevo evangelio el espíritu de negación con grandes golpes de elocuencia afirma que es él el verdadero padre de los hombres. Afirma que la envidia, la soberbia, la ira, la gula y la cólera eran en realidad virtudes. El Diablo machadiano es un Diablo culto, ya que conoce la literatura y sus personajes. Cita a Homero y defiende que sin la ira, no existiría la cólera de Aquiles y que sin la gula, Rabelais no habría producido sus mejores páginas. Citando a un letrado padre napolitano, el Diablo recomienda: ¡Que desaparezca el prójimo! No hay prójimo. La única excepción es cuando se trataba de la mujer del próximo.
La Iglesia prospera y el Diablo da gritos de triunfo: todos ahora sólo hacen el bien, o sea, sólo cometen los pecados anteriormente condenados, lo errado es lo correcto. Sólo que lo que el Diablo no imaginaba es que las personas a escondidas comenzaban a practicar el mal, o sea, practicar actos que en el pasado eran virtudes y ahora estaban prohibidas. Se espantó, llegó a los cielos, temblando de rabia, ansioso, con una agonía satánica. En el triunfo por sobre el perturbado Diablo, Dios lo mira y dice:
¿Qué quieres tú, mi pobre Diablo? Las capas de algodón tienen ahora franjas de seda, como las de terciopelo tuvieron franjas de algodón. ¿Qué quieres tú? Es la eterna contradicción humana. (Machado, p. 11, el resaltado es nuestro)
Llegamos entonces al cuento El Ángel Rafael, por la cronología, el primero de los tres cuentos aquí analizados ya que fue publicado en 1869 en el Jornal das Famílias, y el que más nos interesa para este ensayo. Entre los casi doscientos cuentos de Machado, éste es de los menos conocidos. En 1973 Raymundo Magalhães Junior publica por la editora Bloch la obra Cuentos Fantásticos de Machado de Assis, que es reeditada por la misma editora en 1998 y en la cual está incluido el cuento aquí analizado. En la introducción el crítico llama la atención para lo que él denomina fantástico mitigado en los cuentos machadianos y alerta “que la crítica había prestado poca atención a ese aspecto de la obra de Machado”. (Magalhães, p. 3). Ya Marcelo J. Fernandes en su disertación de postgrado intitulada Casi-macabro: lo fantástico en los cuentos de Machado de Assis, mezclando cuentos de su elección más algunos de Magalhães, hace un análisis de la presencia de lo fantástico y defiende la tesis de que Machado diluyó lo fantástico en aquello que él denomina casi-macabro e incluye también al Ángel Rafael. Al Brujo de Cosme Velho le gustaba incursionar por lo fantástico mitigado o lo fantástico casi-macabro, como tan bien conceptualizaron los dos críticos aquí mencionados, afirmando que Machado desarrolla un patrón de lo fantástico15. Pero nos interesa otro aspecto de este cuento.
Resumiendo la trama del cuento tenemos lo siguiente: un joven de 33 años de nombre Dr. Antero decide quitarse la vida. Aquella noche, cuando estaba a punto de suicidarse, recibe a un criado con un mensaje para que éste lo acompañe hasta la casa de su patrón, Mayor Tomás. Antero resuelve seguir al criado y llega a una casa misteriosa. Es presentado al Mayor que afirma varias veces ser un ser celestial, el Ángel Gabriel, que incomprendido en su misión, había tenido una hija y ahora se alejaba del mundo. Antes de morir quería casar su hija.
Observemos la creatividad e ironía de Machado en este cuento insólito, fantástico casi-macabro. Cuando Antero va a matarse, hace un taco con una hoja del Evangelio de San Juan y la mete dentro de la pistola. En el momento del suicidio, acto contrario a toda lógica, Antero separa una hoja del Evangelio que comienza por Al principio era el Verbo... Las referencias bíblicas son constantes en todo el texto: Antero vive en la calle de la Misericordia, en la casa del Mayor sueña que después de haberle quitado la vida, Belcebú lo mantenía ardiendo eternamente en una hoguera; la apariencia del viejo Mayor recuerda la de un patriarca bíblico. El mayor insiste en que fue creado por Dios, que tiene origen en el cielo, que fue enviado del cielo, que es el Ángel Rafael y que su hija Celestina es un ángel en la raza y en la candidez. La descripción que el narrador hace de la muchacha es la descripción de un ángel: rostro angelical, virginidad del corazón, cabellos rubios y caídos en rizos y poseedora de una aureola. Para el narrador ella y padre pertenecen a una civilización desconocida y el Dr. Antero se siente arrebatado en las alas de la Fantasía en medio de aquellas personas del cielo. Antero se enamora de Celestina y después de estar en el séptimo cielo, comienza a darse cuenta de que su futuro suegro era monomaniático, pues creía ser el propio Ángel Rafael:
Mi querido doctor, ya debe haber notado que no soy un hombre vulgar; ni soy siquiera un hombre. Usted me agrada porque ha respetado mi origen celeste; si huí del mundo es porque nadie me quería respetar (...)
— Yo soy- continuó el viejo- yo soy el ángel Rafael, mandado por el Señor a este valle de lágrimas a ver si encuentro algunas almas buenas para el cielo. No pude cumplir mi misión, porque apenas dije quién era me tomaron por impostor. No quise afrontar la ira y el sarcasmo de los hombres; me retiré a esta morada, donde espero morir. (Machado, p. 9, el resaltado es nuestro)
Antero confirma sus sospechas: el viejo era un monomaníaco y la hija iba por el mismo camino. Aclaramos que el ángel Rafael no es un personaje bíblico; sólo es citado en Tobías, un libro apócrifo que forma parte de la llamada Biblia católica, pero no forma parte de la Biblia protestante. Aunque mucho se hable del arcángel Rafael, en ninguno de los textos de este apócrifo está la afirmación de que Rafael sea arcángel, sino apenas un ángel. "... Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles...” [Tobías 12-15]. Este ángel Rafael hizo cosas que parecen más prácticas de un ángel caído.
Llegamos al punto más importante del cuento: lo monomaníaco celestial entra en el cuarto del Dr. Antero y le informa con la mayor naturalidad:
¿Sabe quién murió?
— No.
— El Diablo.
Diciendo esto lanzó una carcajada nerviosa que hizo estremecer al doctor; el viejo continuó:
— Sí, señor, murió el Diablo; lo cual es gran suerte para mí, porque me da la mayor alegría de la mi vida. ¿Qué le parece? (Machado, p. 12, el resaltado es nuestro)
El Ángel Rafael, que fue publicado en 1869, por lo tanto exactamente 19 años antes de La ciencia jovial (1888), obra en la cual Nietzsche mató a Dios. O sea, el Machado menor hizo lo que el Machado mayor no hizo: mató al Diablo, mucho antes de que Nietzsche matara a Dios. Sólo este parágrafo, sólo esta idea valdría por todo el cuento.
Michel Onfray en su reciente Tratado de Ateología en el cual defiende que los creyentes sufren de infantilismo mental y que el ateo es aquel que recuperó su salud mental, afirma que la existencia de Dios y del Diablo pertenecen al mundo mágico, a la fábula y que toda creencia es una ficción. Sobre el Diablo afirma: “Satán, Lucifer, el Portador de la claridad – El filósofo emblemático de las Luces...-, aquel que dice no y no quiere someterse a la ley de Dios (...) el Diablo y Dios funcionan como frente y reverso de la misma medalla, como teísmo y ateísmo” (2007, p.6, el resaltado es nuestro)
Onfray señala que Dios y el Diablo son caras de la misma medalla, teísmo y ateísmo. Disiento y voy más allá: frente y frente de la misma moneda - teísmo y teísmo. Como vimos anteriormente, la Iglesia Católica considera la no creencia en el Diablo como herejía digna de excomunión. O sea, si uno no cree en Dios es un ateo, pero si no cree en el Diablo igualmente lo es. Onfray afirma que un ateo es un ser incompleto, amputado, un sin-Dios. Podemos aseverar, por lo tanto, que un ateo es a partir de ahora un sin-Diablo. Si le tocó a Nietzsche matar a Dios en La ciencia jovial, le cabe a Machado de Assis, diecinueve años antes, matar al Diablo en el cuento el Ángel Gabriel. Tanto Nietzsche como Machado colocaron a Dios y el Diablo en el campo de los seres de papel, personajes. Mataron a Dios y al Diablo y de esta forma paradójicamente los mantuvieron vivos, puesto que los seres ficcionales no mueren nunca. He aquí cómo el Brujo de Cosme Velho mató a Lucifer...
Onfray afirma que el último Dios desaparecerá con el último hombre. Afirmamos que el último Lucifer también desaparecerá con el último hombre.
BIBLIOGRAFIA
ABADÍA, José Pedro. A Bíblia como Literatura. Petrópolis: Vozes, 2000.
ALMEIDA, João Ferreira de. (trad.). Ed. revista e corrigida. A Bíblia Sagrada. Rio de Janeiro: Sociedade Bíblica do Brasil, s/d.
ASSIS, Machado. A Igreja do Diabo. In: Histórias sem data. Rio de Janeiro: Globo. 1997, Obras Completas.
ASSIS, Machado. Adão e Eva. In: Várias Histórias. http://www.biblio.con.br/conteudo/MachadodeAssis/adaoeeva.htm, acesso em fev. de 2008.
ASSIS, Machado. O Anjo Rafael. In: NUPIIL. http://alecrim.inf.ufsc.br/bdnupill/arquivos/texto/0037-01441.html, acesso em fev. de 2008.
AZEVEDO, Álvares. Macário. Biblioteca virtual do Estudante de Língua Portuguesa. http://bibvirt.futuro.usp.br, acesso em Janeiro de 2008.
BARCELOS, Carlos José. Literatura e Teologia: perspectivas teórico-metodológicas no pensamento católico contemporâneo. In: Numen – Revista de Estudos e Pesquisa da Religião. Juiz de Fora: Editora da UFJF, V. 3, n. 2, jul/dez 2000, p. 09-30.
BATAILLE, Georges. A literatura e o mal. Porto Alegre: L&PM, 1989.
COUSTÉ, Alberto. Biografia do diabo. Trad. Luca Albuquerque.Rio de Janeiro: Record: Rosa dos Tempos, 1996.
DAWKINS, Richard. Deus, un delírio. Trad. Fernanda Ravagnani. São Paulo: Companhia das Letras, 2007
DELUMEAU, Jean. História do medo no Ocidente (1300-1800). São Paulo: Cia. das Letras, 1989.
FLUSSER, Vilém de. A história do Diabo. Editora Anablume, 2004 (?)
FERNANDES, Marcelo J. Quase-macabro: o fantástico nos contos de Machado de Assis: Rio de Janeiro: Universidade Federal do Rio de Janeiro, Dissertação de Mestrado, 1999.
FRIE, Northrop, O Código dos Códigos - A Bíblia e a Literatura. Trad . Flavio Aguiar. São Paulo: Boitempo Editorial. 2004.
GALIMBERTI, Umberto. Rastros do Sacro. Trad. Euclides L. Calloni. São Paulo: Paulus, 2003.
GOETHE, J. W. Fausto. Trad. Alberto Maximiliano. Nova Cultural, 2002.
HARRIS, Sam. Carta a una nação cristã. Trad. Isa Mara Lando. São Paulo: Companhia das Letras, 2006.
JUNG, C.G. Resposta a Jó. Trad . Dom Mateus Ramalho Rocha. 6ª edição. Petrópolis Vozes.
KUSCHEL, Karl Josef. Os escritores e as escrituras. Retratos Teológicos Literários. Trad. Paulo Astor Soethe et alii. São Paulo: Loyola, 1999.
LINK, Luther. O Diabo. A máscara sem rosto. Trad. Laura Teixeira Motta. São
Paulo: Companhia das Letras, 1998.
MAGALHÃES, Antonio. Deus no Espelho das Palavras - Teologia e Literatura em Diálogo. São Paulo: Paulinas: 2000.
MAGALHÃES JR, Raimundo. O Diabo Existe? Tomo I. Rio de Janeiro: Arte Nova. 1973.
MAGALHAES, JR. Raimundo. Contos Fantásticos – Machado de Assis. Rio de Janeiro: Bloch, 1998.
MANZATTO, Antonio. Teologia e Literatura - reflexões teológica a partir da antropologia contida nos romances de Jorge Amado. São Paulo: Loyola, 1994.
MARTINS TERRA, J.E. Existe o Diabo? Respondem os Teólogos. São Paulo: Loyola. 1975.
MESSADIÉ, Gerald. História Geral do Diabo – Da Antiguidade à Época Contemporânea. Trad. Alda Sophie Vinga. Portugal: Europa-América, 2001.
MILES, Jack. Deus – Una biografia. Trad. José Rubens Siqueira. 3ª reimpressão.São Paulo: Companhia das letras 1997.
MINOIS, Georges. História do Riso e do Escárnio. Trad. Maria Helena Ortiz Assumpção. São Paulo: Unesp, 2003.
MUCHEMBLED, Robert. Una História do Diabo. Trad. Maria H. Kühner. São Paulo: Bom Texto, 2004.
NEGRI, Antonio. Jó – a força de un escravo. Rio de Janeiro. Record, 2007.
NOGUEIRA, Carlos Roberto F. O diabo no Imaginário Cristão. São Paulo: Ática, 1986.
NUNES, Benedito. Teologia e Filosofia - Aspectos teológico da Filosofia - O último Deus. In: Crivo de Papel. 2a. Ed. São Paulo: Ática, 1998.
ONFRAY, Michel. Tratado de Ateologia. Trad . Mônica Stahel. São Paulo:Martins Fontes,2007.
PAGELS, Elaine. Trad. Ruy Jungmann. As Origens de Satanás. São Paulo: Rio de Janeiro: Ediouro, 2ª. Ed., 1996.
QUEIRÓS, Eça de. O Senhor Diabo. Virtual Books. Formato: e-book/.PDF. 2003. www.virtualbooks.terra.con.br
PESSOA, Fernando. A Hora do Diabo. Lisboa Assírio & Alvim 1997.
ROSA, Guimarães. Grande Sertão Veredas. Rio de Janeiro: Nova Fronteira 1986.
SANTOS, Walmor. Além do Medo e do Pecado. Porto Alegre: Mercado Aberto, 1996.
STANFORD, Peter. O Diabo – Una Biografia. Trad. Márcia Frazão. Rio de Janeiro: Gryphus, 2003.
SOB A SOMBRA DO DIABO. Revista História Viva – Grandes Temas. Edição
Especial Temática n, 12, São Paulo: Duetto Editorial, 2006
TILLICH, Paul. Filosofia de la Religion. Buenos Aires, La Aurora, 1969, p. 74
WENISCH, Bernhard. Satanismo .Trad. Edgar Orth. Petrópolis Vozes 1992.