LA NOVELA DE LAS HEREJÍAS
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.alejandro maciel.
Desde su nacimiento como religión las autoridades del Cristianismo tuvieron que decretar el “Estado de sitio” por opiniones formuladas a las sombras de las ambigüedades de la escritura de Dios que con pulso firme dice en la página 10 lo que contradice en la página 25 pero como es más fácil refutar a un prójimo que al mismísimo Dios, las autoridades religiosas primero, y político-religiosas después (cuando el cesaropapismo entró de la mano de Constantino), reprimieron los escritos e ideas que consideraban erróneos para el canon. La Iglesia es un cuerpo colegiado con estructura jerárquica, como las milicias. Quien está en la cima del poder no puede ser discutido por subalternos y en esto la razón siempre está del lado del poder.
Mi niñez estuvo zanjada entre dos mundos absolutamente dispares. Por un lado como toda la gente normal yo vivía con mis familiares y diariamente escuchaba conversaciones acerca del costo de la cebolla, la tos de tía Audelina, el nacimiento de una prima, las dudosas conductas nocturnas de una vecina que mis tías apenas cuchicheaban, la selección de anzuelos para pescar dorados y las averías de una bicicleta. Crecí respirando la atmósfera abierta de una finca en medio del campo y repentinamente, a los cinco años, mis padres decidieron internarme en un colegio religioso donde las hermanas conversaban naturalmente de “las benditas almas del Purgatorio, la vida perdurable después de la muerte, el regocijo de los ángeles cuando detectan una buena acción, la confesión de las culpas, la resurrección de los cuerpos, amén”. Nada se decía en mi antigua casa acerca de la vida espiritual y, en contrapartida, entre las rejas del internado conventual jamás escuché referencias de las hortalizas, las bicicletas y mucho menos la sensualidad del vecindario. Creo virtuosa esta aclaración para advertir al incauto lector, a la gentil lectora que si incurro en el vicio de tratar continuamente de cosas invisibles o inexistentes, esa responsabilidad podrán endosársela a las benditas hermanas que me introdujeron en el reino del espíritu sin tener en cuenta que trataban con un ser desalmado. Con esta simple advertencia, podemos continuar con las herejías.
El cuarto evangelio atribuido a san Juan es el semillero de todas las confusiones doctrinales habidas y por haber. Inspirado en alguna forma de neoplatonismo vigente por el siglo II d. de C., identifica al logos (o verbo) con Dios y a Cristo con el logos. De este verdadero pasaje de términos se deduce la Trinidad y aunque está veladamente reconocida, nada dice acerca de la naturaleza de la convivencia de estos tres-seres-en-uno. ¿Alguien precedió a los demás? ¿Nacieron como trillizos? Las sectas gnósticas en el desierto asesino conjeturaban soluciones al misterio mientras en una gruta del desierto de Belén, teniendo un león como única compañía, san Jerónimo de Estridon traducía y reducía los códices que confrontaban entre sí. La versión que realizara a pedido del Papa Dámaso entre los años 382 y 405 se convirtió en la primera versión de la Biblia en latín, llamada “Vulgata” y mantuvo su vigencia 15 siglos como texto oficial de la Iglesia Católica. Este primitivo compilador seleccionó los textos que mantenían cierta coherencia y desechó los demás considerándolos apócrifos, es decir “oscuros, con un sentido oculto o escondido”. Nunca los declaró abiertamente falsos. Tampoco jamás se les permitió regresar al canon oficial.
(El artículo completo está en el Nº 6 de Palabras Escritas)